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EL DILEMA DEL PROGRESISMO

La ideología socialdemócrata empieza a moldearse a finales del siglo XVIII, consolidándose a partir de la Revolución Francesa, un acontecimiento que partió en dos la historia política occidental.

En sus inicios, la socialdemocracia se identifica con el liberalismo, particularmente en el terreno económico, el principio de libertad (uno de los tres pilares de la Revolución Francesa junto a la igualdad y la fraternidad) trascendió lo económico para aplicarse a la vida cotidiana. Esto dio paso a la defensa de las libertades individuales y colectivas.

Bajo esta corriente el pueblo adquirió un rol protagónico y los derechos adquiridos los empezó a defender activamente (saliendo a las calles a hacerse respetar) cuando el poder del Estado intentó limitarlos o coartarlos.

A diferencia de la socialdemocracia, el conservadurismo se ha caracterizado por tener un enfoque de carácter religioso y no está estrechamente ligado a lo económico sino que ha tenido una carga fuertemente ideológica, tradicionalista y, en cierta medida, dogmática

Históricamente, la ideología conservadora ha buscado proteger los privilegios y propiedades de los sectores más poderosos. Estos derechos adquiridos solían justificarse por el linaje familiar, la herencia de fortunas, ancestros vinculados a la monarquía o el clero, o incluso por "derecho divino" (heredado de la Edad Media).

El principio fundamental ha sido el tradicionalismo, es decir, mantener las instituciones antiguas y preservar el status quo tal como ha venido desde los ancestros, lo cual termina afectando también sus posturas políticas y económicas.

Entonces, ¿Qué pasa? A nosotros inicialmente, lo digo en esos términos, los principales líderes políticos del Virreinato de la Nueva Granada y de toda América Latina y del Caribe se acogieron a la a la ideología liberal, Porque ello va a representó una autonomía política y económica para estos territorios.

Por lo tanto se convirtieron en repúblicas liberales, fue un fenómeno que sucedió en todo el territorio continental de América porque hasta en los Estados Unidos hubo una guerra civil entre entre conservadores y liberales.

Inevitablemente se presentó choques del ala conservadora como arzobispos, los grandes terratenientes que tenían muchas cuadrillas de esclavos y en cierta medida una pequeña nobleza por decirlo de alguna manera, en el sentido del círculo inmediato de los virreyes y por otro lado el pueblo.

Cuando en Colombia después de un siglo de guerras civiles intermitente (todo el siglo XIX) se logró estabilizar un poco ya entrado el siglo XX fue el momento en que se formalizó en términos institucionales, lo que es el Partido Conservador y el Partido Liberal.

Luego de un extenso período conservador el bloque liberal buscó el poder presidencial, y eso no fue fácil, ¿por qué? Porque los sectores conservadores desde la

independencia mantuvieron el poder. Esa búsqueda de parte de los liberales hacia el poder fu muy difícil y como veían que no se podía con las guerras civiles entendieron que era mediante las elecciones que podían obtener el poder.

Las elecciones no era tan democráticas como hoy en día, era muy restringido, hay que tener en cuenta que las mujeres empezaron a participar de las elecciones políticas hacia mediados del siglo XX. Mientras tanto, entonces, los líderes liberales buscaban ganar la mayoría de adeptos para poder llegar al poder.

Hasta que a principios de la década de 1930 se dio la oportunidad para que el bloque liberal se unieron para llegar a la presidencia. El período más famoso fue el del presidente Pumarejo, que hay que reconocer que hizo reformas sociales importantísimas en cuanto a reforma agraria y y a beneficios sociales para la población en general.

El liberalismo continuó con la lógica de rebelarse contra la exclusión de los beneficios del estado colombiano, entonces son muy pocos los que se siguen beneficiando del Estado y como los liberales veían que no era posible de manera pacífica obtener beneficios estatales ya sea porque les cierran el el acceso, hay poca participación y muchas limitaciones para participar electoralmente, entonces se van nuevamente a la vía de las armas. Y es aquí que hay que reflexionar.

¿Quiénes se van por por la vía de las armas? Los que se radicalizan, los que ven que en el alzamiento de armas es la única alternativa de hacerle frente a los que tienen los privilegios, de alguna manera eso empieza a afectar la imagen de la socialdemocracia, porque ya el liberalismo empezó a distorsionarse en ese sentido. Hay que tener en cuenta que los grandes medios de comunicación siempre han ejercido una influencia importante sobre la población y los dueños siempre han sido conservadores, y es aquí que comienza lo que se llama la mala publicidad.

Esa mala publicidad está acompañada de los señalamientos hacia esos grupos radicales que, en última instancia, no tienen nada que ver ya con el liberalismo ni con la socialdemocracia ni con el progresismo porque distorsionan totalmente los principios de ese liberalismo.


¿EE. UU. DE AMÉRICA O EE. UU. DE LAS CORPORACIONES?

Ya no queda nada de ese Estados Unidos de América del siglo XVIII. Ya no queda nada de ese Estados Unidos que contaba con los más prestigiosos centros académicos independientes y confiables. Ya lo que queda son los Estados Unidos de las corporaciones.

Si hay un grupo de presión más poderoso que la orden de los iluminados (Illuminati), con más redes de contactos que los francmasones, con más influencia política que el opus dei, que los judíos o cualquier organización religiosa, esas son las corporaciones, más exactamente, las corporaciones financieras.

Ni siquiera Bill Clinton con sus ideas progresistas pudo detener el avance de la influencia de las corporaciones, ni Barack Obama con sus ideales liberales revolucionarias, hasta el punto de ser tratado de comunista por sus opositores políticos, pudo hacer mucho para detener el lobby de las corporaciones. Ni siquiera las famosas leyes antitrust que supone detener la unión o asociación de las grandes compañías las ha podido detener, ni las leyes antimonopolio, ni las protestas sociales, ni nadie las ha podido detener, inclusive, ni la corte suprema de los Estados Unidos pudo hacer algo, al final reconoció en las corporaciones las cualidades de una persona.

En primer lugar, las corporaciones se apoderaron del congreso norteamericano, actúan como verdaderas mafias, parece que sin su apoyo no hay elecciones ni campañas políticas. Luego, se apoderaron de lo único confiable que quedaba y eran los centros de investigaciones académicas, en adelante, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, cualquier estudio sobre alimentos, contaminación ambiental o datos que resulten de alguna estadística es factible de ser dudoso, pues detrás siempre hay una corporación que es la que financia los trabajos y a los investigadores, luego se apoderaron de cuanto centro cultural o civil se atraviesa a sus intereses.

¿Entonces que quedó? Quedó un Estado Unidos pequeño, con muy contados centros académicos realmente independientes, quedó una política norteamericana pequeña.

Se puede concluir entonces que los Estados Unidos de América es una nación corporativa en el término amplio de la palabra, gobernado y dirigido por las decisiones de las corporaciones. De modo que, cuando el presidente de los Estados Unidos habla de guerra, vacunas, economía, sociedad o cualquier otro tema, en el fondo, están hablando las corporaciones.


GUERRA GEOPOLÍTICA DE LA POST PANDEMIA - parte II

       El detalle está en cuál potencia económica podrá ser capaz  de reemplazar al envejecido Estados Unidos, y si esa nueva potencia mundial logrará vencer en el terreno político, económico y tecnológico.

       Imaginemos un escenario en el que los Estados Unidos no logren obtener una vacuna a tiempo, sino que sean los chinos quienes lo logren primero. Imaginemos a un Donald Trump reacio a aceptar la ayuda china, y que la población norteamericana presione para que la acepte porque siguen aumentando las muertes.

       Pues el día en que los Estados Unidos reciban una ayuda de una vacuna proveniente de China, significará, en términos políticos, una derrota norteamericana frente a China, tan terrible como la que sufrió en Vietnam, dejaría de ser, por lo menos en el imaginario social, la primera potencia económica y militar.

       Entonces la preocupación será quién ganará la batalla por la obtención de la vacuna efectiva contra el coronavirus. Pues, derrotar el COVID – 19 será derrotar al resto de países competidores.

       Hay que tener en cuenta que las características de una guerra geopolítica van desde los conflictos bélicos librados en el Oriente Medio en el que tienen metidas las narices los rusos y norteamericanos, hasta la adquisición de tierras en África, en el que tienen metidas las narices los chinos y algunos otros países como India y Brasil, de modo que el coronavirus lo que ha hecho es darle un golpe al tablero geopolítico mundial, en una especie de reacomodamiento de las potencias.

       En una entrevista hecha a un exfuncionario de la antigua URSS, le preguntaron por qué los rusos se habían tomado tan en serio el juego de ajedrez, a lo que éste respondió que, como debían estar a la altura de los grandes, buscaron algún deporte donde pudieran hacerlo, ya que en el fútbol y otros deportes tenían escasas posibilidades, así que vieron en el ajedrez una oportunidad de vencer a los grandes, no a los grandes jugadores de ajedrez, sino vencer a las otras grandes potencias.

       Sólo en el detalle del ajedrez es un fiel reflejo de que una guerra geopolítica tiene que ver con todo. Con los recursos naturales, con el desarrollo de armas de guerra, con las posiciones militares, con el dominio espacio – territorial, con la influencia cultural, mejor dicho, una guerra geopolítica es en el fondo una guerra de guerras.

       Habrá vencedores, vencidos y víctimas. ¿Quiénes serán los vencedores? ¿Quiénes serán los vencidos? Aunque hay quienes se atreven a pronosticar ciertos actores en la guerra geopolítica, lo que sí es claro, es que las víctimas será la población civil, han sido realmente las únicas víctimas en los conflictos bélicos y económicos a lo largo de la historia capitalista.

       Alguien mencionó que las personas que más mueren son los pobres por el hecho de que no tienen los recursos suficientes para pagar lo suficiente para que puedan ser atendidos debidamente. Y es este sector el que inevitablemente sufrirá los estragos de la guerra geopolítica que se acentuará con la crisis de la pandemia.

       Y es que la pandemia del coronavirus COVID-19 ha servido como una perfecta cortina de humo para cubrir cualquier tipo de problemas internos de los países afectados, y seguirá así por ciertos meses.

       Lo terrible de todo esto es que la manipulación de la opinión pública es una especia de hipnotismo, que cuando la persona entra en razón ya es demasiados tarde, es por ello importante que las sociedades no pierdan de vista los múltiples problemas que azotan a los países afectados por la pandemia, esos otros problemas que son tan terribles como la pandemia misma y que debe ser atendida con la misma urgencia.

       Como mencionara alguien, no es que la población sufra de amnesia, sino que sabe bien cómo mantener desviada la atención sobre problemas que son delicados. Así que es la población civil la que debe entrar en el juego de la guerra geopolítica, pues, el rayado discurso de nacionalismo exacerbado lo que hace es seguir desviando la atención sin producir ningún tipo de solución.

       Los líderes mundiales conocen ese terreno de la guerra geopolítica, y saben cómo actuar. Es por ello fundamental que la sociedad civil debe asumir la responsabilidad de hacer parte activa de esa guerra geopolítica y asumir también la responsabilidad que significa ser un contra poder.

       ¿Ha notado el lector que de la noche a la mañana desapareció del escenario las grandes manifestaciones públicas? ¿Ha notado el lector que no se habla de otra cosa sino de la pandemia del coronavirus COVID-19? ¿Ha notado el lector que mientras medio mundo está en confinamiento, los líderes políticos siguen en sus actividades? ¿Qué se debe o qué se puede hacer frente a la realidad de la guerra geopolítica de alcance mundial?

       Todo esto me recuerda lo sucedido con el continente africano a finales del siglo XIX. La batalla por el dominio territorial de parte de los reinos europeos tenía como objetivo mantener en la medida de lo posible los monopolios comerciales de las materias primas, especialmente en el campo de la minería, esto desató a mediano plazo la Primera Guerra Mundial, ya que los alemanes exigían y reclamaban mayor participación de la torta mundial.

       Y también me recuerda lo sucedido con las colonias asiáticas durante el siglo XX, en éstas competencias no estaban solo las naciones europeas, con ellos también los acompañaban las grandes corporaciones. Las industrias que ponen en la mesa de los hogares los productos de primera necesidad son las más explotadoras, pero las familias no tienen la culpa, como no la tuvieron los habitantes de Alemania cuando fueron interrogados si sabían o no sobre la cuestión del holocausto judío, y por supuesto, dijeron que lo desconocían.

       Las sociedades no son los culpables, los culpables son sus gobiernos. Ahora bien, ¿quién se sienta a pensar de dónde y de qué manera proviene todo lo que llega a la mesa de la cocina? Nadie, y aún no lo quisieran saber. Pero la realidad es que el problema con la competencia en el fondo es bajar precios de los productos a como dé lugar.

       De modo que ignorar el contexto de la compleja producción de los bienes y servicios no significa que desconozcan esa realidad, significa que hay que conocer para comprender esas otras realidades, para sensibilizar a las sociedades, para humanizar los procesos productivos, porque de lo contrario, tendría como consecuencia más conflictos bélicos.

       Por eso se dice que es importante saber sobre el futuro del agua potable, que cada vez escasea más y más, y se especula que pronto se producirán guerras por este recurso natural que es vital para la supervivencia.

       Ahora bien, es raro encontrar personajes como Bill Gates, que ha prometido regalarle al mundo la vacuna si su fundación logra formularla primero que las otras compañías farmacéuticas. Ya que esto bajaría la intensidad social y política alrededor de la guerra geopolítica.

       Todo el mundo está a la expectativa no solo por la carrera de la vacuna contra el coronavirus sino por la carrera farmacéutica, pues ya se dice que la economía del siglo XXI estará determinada por nuevas pandemias y nuevas vacunas. Así que, a la carrera por mantener una sociedad satisfecha de agua, por la competencia de estar adelante con la última tecnología, se le agregará la guerra por la medicina.

       El Washington Post pronosticó que si no se detenía el capitalismo salvaje, la humanidad tenía dos posibilidades, o se acaba la humanidad, o se acaba el capitalismo salvaje. Creo en la hipótesis de las dos posibilidades que le quedan a la humanidad es, o una pax política entre las sociedades o un perfeccionamiento de la guerra.

       De modo que el capitalismo salvaje, o también llamado neoliberalismo o neoconservadurismo, igual, cualquiera de las ideologías es igual de brutal y salvaje. El hecho es que cualquiera de estas vertientes llevará a la humanidad a un perfeccionamiento de la guerra, esto, claro está, si la sociedad no actúa. 

       Por eso algunos apuntan a las organizaciones civiles y sociales como la mejor herramienta para contraatacar políticamente cualquier decisión de los gobernantes, pero para ello debe existir una organización internacional, pero será difícil, muy difícil, casi imposible, ya que las organizaciones sociales están lleno de diversos pensamientos y vertientes ideológicas.

       Así que intentar una alternativa unificada social para revertir las políticas neoliberales es un hecho descartable. En ese caso, ¿Podrá existir alguna solución? Aunque parezca paradójico, es la misma naturaleza la que ha podido unificar, por lo menos momentáneamente, a las sociedades del mundo para combatir los desequilibrios salvajes de la economía actual, el coronavirus es una muestra de ello.

       Pero la memoria colectiva se desvanece como la neblina, todo se olvidará y pasará a la historia como una anécdota más, entonces, ¿la humanidad ha perdido su capacidad de reflexión y de pensarse a sí misma? Existe aún la esperanza de que existan vagos cambios paradigmáticos en el modo de ver la vida, un cambio de cosmovisión.

       ¿En qué radica esa esperanza? En la posibilidad de que las sociedades exijan gobernantes más sensibles a una sociedad y a una economía, no tanto solidaria, porque eso sería una nueva utopía, pero sí sostenible, que se apega más a una posible realidad.

       El hecho es que, lo que está sucediendo con la guerra civil en Yemen, en Siria, en Sudán del sur, o cualquier otra parte del mundo, es pequeño comparado con las circunstancias políticas que vendrán, es pequeño comparado con las futuras guerras entre las potencias, porque en estos momentos, detrás de todos esos conflictos bélicos, están las potencias y las grandes corporaciones, avivando  las divisiones sociales con el único objetivo de consumir los recursos naturales como león a su presa. Pero algún día, serán las potencias las que se enfrenten de manera directa.

       Ahora bien, personajes como Trump en los Estados Unidos, Johnson en el Reino Unido o Bolsonaro en Brasil están al mando de sus países. Y están allí por la sencilla razón de que fueron elegidos por voto popular. Así que, por más estúpidas o absurdas que sean las políticas de estos personajes, no hay que olvidar que tuvieron el respaldo de sus votantes.

       Y las críticas dicen entonces, que los que votan por este tipo de personajes son conscientes de la fatalidad de las políticas que puedan generar, aun así, pareciera que a los votantes, es decir, al pueblo, no le importara las consecuencias nefastas que resulta de estos líderes mundiales. Pero lo que ignoran estos votantes, lo que ignora ese pueblo, es que tarde o temprano también se verán terriblemente afectados por las políticas siniestras de estos personajes.

       De modo que la consciencia va en todos los ámbitos sociales, económicos, políticos y culturales. Es una consciencia que debe ir más allá de las consideraciones de la sostenibilidad, de ayudar de vez en cuando a alguien, de considerar la solidaridad como algo nefasto para los demás. Es importante que los pueblos entiendan que está en sus manos el evitar una hecatombe con una guerra geopolítica sin precedentes.

ABOLICIÓN DE LA ESCLAVITUD - Otra farsa del liberalismo económico

       Si bien hubo diferentes perspectivas sobre la abolición de la esclavitud, frailes como Bartolomé de las Casas y de cuanta orden eclesiástica existía en el territorio del imperio español (que abarcaba desde el sur de los Estados Unidos hasta la Patagonia en Argentina), nunca se les prestó la debida atención desde los poderes de la Corona española. El comercio de esclavos aumentó considerablemente no sólo entre las colonias españolas sino también en las colonias portuguesas, británicas, francesas y uno que otro reino europeo durante varios siglos.

       Oficialmente la esclavitud fue abolida paulatinamente en la medida que las colonias americanas obtenían sus independencias absolutas del imperio español, a su vez que el pensamiento liberal le daba forma a las nacientes repúblicas democráticas y representativas, de modo que nociones como la igualdad, justicia, fraternidad, derechos, entre tantos otros valores políticos se aplicarían rigurosamente en las leyes que consolidaban a las naciones latinoamericanas.

       ¿El resultado? La elaboración de bellas y elegantes constituciones políticas que definirían la ruta a seguir de los estados en cuanto a la economía, la política y la sociedad en general, cabe decir que desde Canadá hasta los EE.UU. el asunto no fue diferente. La utopía social que tanto predicaran los grandes filósofos desde la antigüedad como Platón, desde la Edad Media como San Agustín, y durante el renacimiento pasando desde reformadores como Martín Lutero hasta llegar a las luces iluminarias de la humanidad como Voltaire o el celebérrimo Jean Jacques Rousseau, y quien diera forma sistemática personajes como Adam Smith y Montesquieu, por fin se hacía realidad.

       Y para perfeccionar esas ideas aterrizadas de una especie de sociedad perfecta, en eso apuntaban pensadores como Immanuel Kant y Friedrich Nietzsche en una búsqueda de superar lo que hasta el momento se había logrado, en última instancia desembocaron en el desarrollo de los famosos partidos políticos, es decir, todas las maravillosas ideas se convirtieron de la noche a la mañana en una institucionalidad, que al final del día, lo que hizo fue generar políticas en favor del liberalismo económico (para evitar marxismos técnicos como el de burguesía).

       ¿Qué significa esto? Sencillamente que la esclavitud pasó a ser pérdida de ganancias para las corporaciones económicas de la época y se vieron obligados en cambiar de políticas de esclavitud en unas políticas abolicionistas que es como cambiarle el nombre a una institución, que a su vez, es lo mismo que decir políticas laborales que es el nombre que actualmente recibe esa antigua institución.

       Se puede concluir que las características de explotación podrán haber cambiado en algunos aspectos, pero de fondo, en la esencia misma de las relaciones económicas, todo sigue siendo lo mismo.   

Los norteamericanos: Una sociedad armada y esquizofrénica



Que a todos los norteamericanos se les dé por sufrir de depresión severa, lo primero que diría el vecino sería algo así como -¡mi novia me dejó! Me siento muy mal, esto no me había pasado antes-, entonces, abres el clóset y demora como 10 minutos tratando de escoger entre el fusil automático, el revólver calibre 45 largo con balas de fusil, una sub ametralladora, 50 cuchillos de todos los tipos, granadas y una que otra pistola para ver cómo “solucionar” su “difícil” situación emocional. Finalmente se decide por un pequeño revólver de bolsillo, empieza a llorar, escribe una carta de dos líneas diciéndole a su familia cuanto ama a su perro y luego se dispara.

La vecina, una joven promesa de la medicina, estudiante de una universidad súper prestigiosa, grita desesperadamente cuando se entera de la noticia de la muerte de su vecino, en medio de su llanto empieza a decirle a sus amigos lo triste que fueron escritas esas dos líneas y cómo y por qué ha quedado el perro tan sólo en esta vida. Sus amigos la rodean, y todos la siguen en su “amarga” tristeza. Llega la noche y aquella joven sigue muy “afectada” emocionalmente, ya se hace tarde y todos en casa duermen plácidamente, mientras tanto, la joven se dirige a la cocina, prepara una de esas bebidas que aprendió no se sabe nunca cuándo ni dónde y amanece botando babaza en el piso de la cocina. El primero que la ve es su padre, que destrozado le grita a todos en casa lo ocurrido.

Los colegas del padre que es médico le quieren ayudar a superar el dolor, lo invitan a una salida en el campo, todos están almorzando y es cuando llega el padre que aún sigue recordando el terrible momento en que vio a su hija tirada en el piso, tiene en cada brazo fusiles de última generación y empieza a disparar a diestra y siniestra, la brutal masacre deja 34 muertos y 100 heridos, 10 de ellos muy graves. Al padre despechado no lo alcanza a capturar la policía, pues se suicidó en la escena.

Todos los norteamericanos horrorizados por la masacre acuden masivamente a comprar armamento, unos para adquirir su primer revólver y otros para completar el arsenal que tienen en casa, todos, hombres y mujeres, pensando en su “derecho” de defenderse. Van ocurriendo una serie de sucesos que hacen que a todos se les dé por dispararle a todo el mundo y a suicidarse… entonces, al final de esta tragicomedia, no queda ningún norteamericano con vida… triste decirlo.

ABELARDO, EL DESTRIPADOR

Me llamó la atención alguien que mencionó que Iván Cepeda tenía una cara de rencoroso, de alguien vengativo. Me sorprendió porque a otra per...